Estagnación Estable
Cayo Julio Cesar solía decir que prefería ser el primer ciudadano de una villa que el segundo en Roma. Esto fue lo que le llevo ser el primer ciudadano en Roma. Viniendo de quien fue el hombre más importante de su época, ya que ser el mejor en Roma era ser el mejor en el mundo, esta es una filosofía muy loable y digna de imitación. Por ser la misma una que te puede llevar a ser lo mejor que puedas ser en el lugar donde te encuentres.
El problema surge cuando en el mundo la mediocridad es rampante. Esta frase pronunciada por julio Cesar hace mas de 2000 años se utiliza no para impulsarse a lo mejor que se pueda ser, sino que se utiliza para justificar la falta de metas verdaderamente importantes, o en su defecto metas retantes. Hay muchos que en indiferente ignorancia exclaman frases como “estoy mejor donde estoy” o “para que he de cambiar si donde estoy me va muy bien”. Se les debe comprender porque han llegado al punto donde están cómodos, donde sus vacías vidas son seguras y en el silencio sienten el temor al cambio.
Prefieren ser el primer ciudadano de una villa, porque allí es fácil ser el primer ciudadano. Ya que si verdaderamente se enfrentaran a un mundo real, si se enfrentaran a un lugar donde la excelencia fuera reina, fracasarían. Tal vez ni siquiera la excelencia sea necesaria para hacerlos fracasar, solo estándares un poco más altos a los que están acostumbrados. Entonces no tendrían la cómoda vida que llevan hasta ese momento. La comodidad no es algo que se encuentra en lugares retante. Ya que la comodidad es un lujo del cual solo se disfruta en la complacencia (o en los laureles de la victoria).
Existen lugares donde los que no buscan la complacencia de la comodidad tratan de probarse. Lugares que tienen la mística de frase si lo puedo lograr aquí, lo puedo logra en cualquier lugar. Pero ya son los pocos los que van a estos lugares. La mayoría se quedan en lugares donde la competencia no sea un problema. Prefieren quedarse en sus cómodas vidas, en mediocres universidades donde lo único necesario es el pagar una matrícula y asistir a un salón para obtener un grado; o en trabajos repetitivos sin excitantes prospectos.
Se enorgullecen de ejercitar su mediocridad. Porque no se tienen que esforzar, la mediocridad se destila de la forma más fácil posible, en la inacción. En la inacción no se ven en la obligación de buscar la excelencia. Siguen el precepto devastador del mínimo esfuerzo necesario, no por un diseño maléfico, sin por la pereza que invado sus mentes y espíritus. Espíritus corrompidos por su propia mediocridad y mentes que solo sirven para mantener la rutina del ganado rumiante…